Artesanos de Tafí, anfitriones del valle

Entre mates y sonrisas, los talleres de la villa turística abren sus puertas a los viajeros para mostrar los secretos de sus trabajos. Es una oportunidad única para llevarse bellísimos objetos hechos con técnicas tradicionales y conocer a quiénes los realizan.

Sentir la nobleza de la cerámica moldeada por manos expertas; admirar la creación de una pieza a partir del tallado de una piedra, abrigarse con un poncho tejido con técnicas tradicionales. Las artesanías son mucho más que productos, cobijan un amor que se transmite de generación en generación y en Tafí del Valle eso se respira en el aire.

En medio de una naturaleza única y espléndida, entre valles y un espejo de agua, La Ruta del Artesano invita a un recorrido con la cultura local. En los talleres se entra a un espacio mágico donde se ve la transformación de la materia prima en un producto único y de calidad, en medio de un encuentro con la calidez y carisma peculiar del artesano. Como un niño que todo lo quiere, los viajeros siempre tienen el deseo de llevarse consigo estos tesoros que trascienden. Se trata de ver el taller donde nacen las formas y aprender las técnicas con las que se crean. Es tomar un mate escuchando historias de vida y algún consejo sabio de esos que acarrea la gente del valle.

Atravesando el hermoso paisaje de las yungas se accede hasta Tafí, donde cediendo al ritmo calmo del lugar comienzan las visitas a los talleres de estos creadores nobles y amables, que viven aislados de lo urbano y siempre con ganas de recibir visitas.

Cuero trabajado, cerámica, tejidos, madera, muñecas con flores aromáticas, utensilios y muebles. Hay mucho para elegir y para descubrir en familia, entendiendo cómo estas tareas pasan de padres a hijos y de abuelos a nietos. Las manos y la piel curtida de cada artesano cuenta algo y también sus ojos, que saben sonreír. Con generosidad, entre paredes de adobe blanqueadas o en medio de un jardín tupido, cada uno de estos hombres y mujeres nos harán sentir su amor por lo que hacen.

Los colores vivos llaman; tocar la suavidad de la lana y la línea sobre la piedra emociona y, de fondo, el sonido del telar o las herramientas trabajando musicalizan los rincones del Valle. Tampoco faltará alguien que regale una copla o una bendición junto a un altar a la Pachamama.

A 2200 m.s.n.m., en medio de un paisaje increíble, la ruta bien señalizada comienza en el taller que queramos, la sigamos en unimog, a caballo o en auto particular. No faltan espacios donde hospedarse (hay desde hoteles, cabañas hasta hostels y estancias), exquisita gastronomía local, productoras de quesos típicos donde realizar visitas guiadas y degustaciones y el Dique la Angostura, Reserva Los Menhires y la Cascada Los Alisos para disfrutar del agua y el sol. Por supuesto, también es toda una opción quedarse sentado tomando un mate mirando la inmensidad inabarcable.

 

A Tucumán se llega en avión al aeropuerto Benjamín Matienzo, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 38 empalmando con la ruta provincial Nº 307. Desde allí a Tafí del Valle hay micros diarios.

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