Bares notables, donde la cultura porteña cobra vida

Tomar un café, un vermú o un submarino con churros en uno de los bares emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires no tiene desperdicio. El ambiente bohemio, las historias y las ideas que nacieron en esas mesas permanecen vivas.

Sentados, resguardados del ritmo urbano, los viajeros se relajan y disponen a ser testigos del tiempo. Se escuchan las conversaciones de los mozos con sus toques de lunfardo, el tintineo de los cubiertos y la cristalería, mientras el aroma a café invade el salón. Hay comentarios sobre fútbol y política, en una mesa un grupo de estudiantes debate apasionado y en otra una parejita se susurra cosas entre sonrisas.

Alrededor hay fotos históricas, tal vez vitrales, una mesa de billar o molduras de madera tallada. El clima absorbe a los buscadores de experiencias a tal punto que viajan al pasado y sienten con emoción la energía de lo que pasó en el lugar a lo largo de décadas. Amores, obras de arte de la música y la literatura, cambios políticos y negocios que empezaron con una charla o una estadía solitaria en un café, con un cuaderno o simplemente una servilleta de papel a mano donde plasmar grandes ideas.

Los bares notables son 54 y a todos se accede fácilmente, en transporte público e incluso en bicicleta. Son Patrimonio Cultural de la ciudad y están por todos lados, muchos en San Nicolás, Monserrat, San Telmo, Almagro, Boedo y La Boca, pero también tienen los suyos Caballito, Palermo, Flores, Barracas, Villa Devoto, Colegiales, Mataderos, Balvanera, Parque Chas, San Cristóbal y Villa Santa Rita. Cada uno cobija una historia particular. En uno escribió sus versos Alfonsina Storni, en otro Tanguito compuso un hit de rock nacional, en otro artistas del instituto Di Tella planearon una performance. Es herencia cultural e histórica, son lugares donde empaparse de identidad porteña, ver un espectáculo musical o conversar con un mozo lleno de relatos para compartir.

Un submarino en el Café Tortoni (el primero de la ciudad en tener mesas en la calle), el té de la tarde en Las Violetas, un rato de juego en 36 Billares, ver a un ícono del rock local tocando en La Perla, tomar el vermú de la tardecita en el Bar de Cao. Las opciones satisfacen a distintos intereses y son lugares cálidos donde cobijarse unas horas, lejos de la velocidad de las cafeterías modernas. Es mística pura donde generaciones y generaciones intercambian su sabiduría y vivencias. Es escuchar un tango de fondo que acunó a la bohemia local y pedir otra vuelta para alargar la sensación un rato más.

 

A la Ciudad de Buenos Aires se llega en avión, por el aeroparque Jorge Newbery, en ómnibus o en auto, por las Rutas Nacionales 3, 5, 7, 8 y 9.

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