Buenos Aires, la ciudad de los mil sabores

Una pizza al molde con fainá, un plato bien casero en un bodegón o un menú por pasos en un restaurante sofisticado, pero sin olvidar la merienda y dejando espacio para unos tragos de autor. Hay que organizarse para probar de todo, ¡buen provecho!

La ceremonia comienza apenas al entrar. Los aromas invaden el salón y, a minutos de sentarse, llega una panera rebosante con alguna salsita tentadora. A veces se elige el menú y a veces hay que dejarse guiar por un experto que diseñó una cena en pasos. A veces se acepta que un mozo experimentado aconseje el plato del día o la comida típica que más sale o que un chef que trabaja con productos de estación cuente qué encontró esa mañana en el mercado del barrio. Y entonces sí, sólo resta elegir el vino o la bebida y dejar fluir la charla.

La ciudad de Buenos Aires cuenta con once restaurantes galardonados entre los cincuenta mejores de Latinoamérica y eso ya marca un buen nivel. Hay que estar a la altura de las circunstancias, así que los diferentes polos gastronómicos se lucen con clásicos y vanguardia: desde guisos tradicionales hasta cocina vegetariana, cocina de autor, parrilla o molecular. Es una ciudad ideal para rendirse ante la curiosidad y experimentar sabores y métodos, desde espumas hasta cocina cruda. O ir a lo seguro y premiarse con una buena pizza al molde, unas pastas o un asado.

Hay mercados en edificios típicos y modernos e itinerantes donde comprar especias e ingredientes difíciles de encontrar o directamente de manos del productor. Bodegones y casas de cocina étnica que comparten las corrientes migratorias.

No todo es almuerzo y cena; los buenos desayunos y las meriendas también se plantan e invitan con jugos naturales y sándwiches, tortas, facturas y muffins. Y los domingos, es posible perderse en el llamado brunch (mezcla de desayuno y almuerzo que se da entre la mañana y las primeras horas de la tarde) y darse una panzada dulce y salada.

La ciudad nunca duerme y eso se siente en las cocinas abiertas hasta tarde, en el dos por uno en cerveza artesanal a la tardecita y en el esplendor de las barras bien entrada la noche, cuando los chefs ceden la posta a los barmans para que desplieguen su saber en coctelería.

Las Cañitas, Monserrat, Puerto Madero, la Avenida Corrientes, Palermo Hollywood, los polos gastronómicos son varios y cada uno tiene sus particularidades por descubrir. Caminando la ciudad siempre aparecerá un lugar que nos llame a entrar, o podemos ir directo al grano, a un restaurante a puertas cerradas o a un bar secreto, por un dato que nos pasó un amigo. Y picotear en los festivales, donde toda la oferta está en un lugar.

Las sobremesas se extienden, comer es compartir y aprender, animarse a lo desconocido y divertirse. Es vivir la buena mesa en familia o con amigos, para alegría de nuestra alma y nuestro paladar.

 

A la Ciudad de Buenos Aires se llega en avión, por el aeroparque Jorge Newbery, en ómnibus o en auto, por las Rutas Nacionales 3, 5, 7, 8 y 9.

 

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