Buenos Aires serrana: aventura, aldeas mágicas y relax

Los paisajes de las sierras de Buenos Aires pueden verse desde muchos puntos estratégicos: tomando mate en el valle, recorriendo un caserío, desde el cielo en parapente o desde la pared de una escalada, todo es válido.

Con sus arroyos, llanuras, colinas y bosques parece el escenario de un cuento fantástico. El sur bonaerense propone un mix de paz y contemplación más turismo aventura con posibilidades para todos. Hay que elegir por dónde empezar, si por los valles, las ciudades o las aldeas, con la confianza de que ninguna opción fallará, cada una tiene su encanto.

En Tandil, Tornquist, Balcarce, Azul, Coronel Suárez, Olavarría, Mar del Plata, Lobería, Benito Juárez, Saavedra, Puan y Coronel Pringles, la conexión natural está siempre al alcance y la adrenalina hace su aparición rápidamente si los viajeros se animan a una travesía en 4x4, un campamento, una cabalgata o, los más osados, a bucear en canteras, volar en aladelta o en parapente. No es solo deporte; a través de esas actividades se descubre naturaleza virgen y el paisaje se aborda desde otros puntos de vista, muchas veces inéditos.

La vida al aire libre es la clave. Entonces sí, sólo resta relajarse hasta quebrar la postal y meterse en ella. Se comienzan a distinguir los aromas de la hierba mojada por el rocío y la música que componen sin querer las copas de los árboles cuando el viento leve las mece.

Son viajes para hacer en familia, con amigos, en pareja, o incluso solos. Una escapada por estos paisajes es ideal para la introspección y, tal vez por ello, tantos artistas eligen Sierra de la Ventana para inspirarse y quedarse a vivir o Tandil, para descubrir cómo funciona una ciudad en medio de la selva, coronada por su cerro La Movediza.

En Balcarce, las sierras y las lagunas se combinan con valles ancestrales y macizos, siendo un escenario ideal para caminatas, deportes náuticos e incluso vuelos de bautismo y golf. También se recorre la ciudad, se disfruta la pasión por el automovilismo característica en la zona y, para rematar con algo dulce, se prueba el clásico postre que lleva el nombre de la ciudad y sus típicos alfajores.

Una cabaña, un retiro artístico o de yoga en una posada, un hotel familiar; cada espacio invita a un viajero diferente. Y al caer la noche, probar un buen guiso casero o un asado hecho por un experto satisface el apetito antes de ir a dormir con una amplia sonrisa.

En Tandil tienta probar el clásico salame de origen. En Saldungaray y Azul, seguir las huellas del arquitecto Salamone, desde el cementerio con un gran Ángel de la Muerte custodiando la entrada hasta el Cristo crucificado en un frente, ameritan una caminata con cámara de fotos en mano.

En Tornquinst se aprovecha la enorme variedad de servicios y se vive la naturaleza en el parque provincial homónimo, y por allí se llega al hueco de la Ventana o al Cerro Tres Picos, el más alto de la provincia. Además, tiene lugar cada abril su Fiesta de la Vendimia. La lista podría seguir y seguir… Es un abanico inmenso de opciones.

 

A las sierras de Buenos Aires se llega en auto por rutas nacionales y provinciales o en ómnibus, e incluso a algunos puntos en tren o en avión a Bahía Blanca, al aeropuerto Comandante Espora.

  • Ver Mapa

Experiencias Relacionadas