Chivitos puntanos a la mesa

La provincia hace gala de su cocina criolla especialmente con el chivito. Hecho a la parrilla, al horno de barro o al disco, se lo disfruta en medio de un recorrido por las sierras.

Saborear un chivito puntano es un gusto que se dan todos los que visitan la tierra de San Luis. Este plato se distingue por la particular forma en que es preparado en la provincia y satisface los paladares de todos los amantes del buen comer con su gusto y singular encanto.

La pureza de sabores intensos y deliciosos tientan con sus aromas invadiendo salones desde parrillas, discos de arado y hornos de barro. Los más respetuosos de la tradición lo sirven con chanfaina, sangre cocinada y condimentada, y los sibaritas saben apreciar ese detalle lleno de identidad local. Dicen los puntanos que en la fina capa de grasa crocante que recubre la carne del chivito está el secreto de este manjar. Los viajeros intentan comprobarlo: muerden un bocado, sienten que se derrite en la boca y se deshace con asombrosa suavidad, y dan cuenta de que es así.

Tanto placer no es resultado de la simple generosidad de la naturaleza, es un saber culinario que comenzó a desarrollarse ya en la época colonial y al que cada generación le aporta su propia “pincelada” de sabiduría. Por eso hay que probarlo en cualquier momento del año, en especial de octubre a marzo cuando la temperatura acompaña, en toda la provincia y en particular en los destinos que más disfrutan los viajeros: Potrero de los Funes, Estancia Grande, La Carolina, San Francisco, Villa de Merlo, Villa de la Quebrada y el Corredor de los Comechingones esperan siempre con el fuego encendido.

 

A San Luis se llega en avión, al aeropuerto Brigadier Mayor César R. Ojeda o a sus otros aeropuertos provinciales; en ómnibus o en auto, por la RN 20, la RN 146, la RN 148 y la RN 7. A Villa Mercedes se llega por las rutas 7 y 8.

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