Ciudad sagrada de Quilmes, tierra ancestral

De la mano de los habitantes originarios se llega a este punto mítico en la historia de la cultura calchaquí, donde se admiran las vistas panorámicas de los valles y los vestigios de un enclave ancestral.

Recorrer la Ciudad Sagrada de Quilmes acompañado por un descendiente del pueblo es un honor para cualquier viajero. Al costado del camino, bajo una antigua algarroba, comienza el relato de voz de un habitante originario que con una rama ilustra la historia sobre la tierra, grabando una línea del tiempo con los hechos que marcaron la vida de su gente. Sucede en la provincia de Tucumán, en medio de la inmensidad, donde se siente el viento y la dureza del territorio.

En la ciudadela, el guía de la comunidad introduce a los visitantes en el mundo calchaquí, donde el paisaje de las sierras conquista los corazones; comparte sus costumbres y hace que se compenetren con el sentimiento de la comunidad; se siente su lucha y la defensa de su tierra, así como su amor y su respeto.

En la falda del cerro, sorprenden las reconstrucciones de la zona residencial, rematada por una fortaleza y dos fortines a ambos costados, sobre la cornisa. Al llegar a la cima de la ciudad sagrada, contemplar desde lo alto las ruinas de Quilmes en más de 30 hectáreas ayuda a dimensionar la importancia de aquella población. Es el lugar preciso para rendir tributo a la Pachamama con una “apacheta” (altar), en la que cada uno de los visitantes participa con una ofrenda a la Madre Tierra. El silencio solemne abriga el momento y cada uno da inicio a otro viaje, esta vez hacia adentro.

Durante todo el año, en especial en agosto y febrero (cuando se realiza el entierro y desentierro de la Pachamama o en coincidencia con el carnaval), Amaicha del Valle, El Bañado y Colalao del Valle cuentan con hospedajes y gastronomía regional variados para hacer base y empezar.

El pueblo Quilmes, que mantiene intacta sus raíces incaicas, es dueño de esta tierra por Cédula Real española, mas no hay documento que los haga propietarios más genuinos que la historia. A lo lejos, la postal del valle calchaquí despide a los viajeros, que tocan las paredes de piedras por última vez y saludan en silencio a ese lugar que vivirá para siempre en sus memorias.

 

A Tucumán se llega en avión al aeropuerto Benjamín Matienzo, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 38 o la ruta nacional Nº 9.

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