Colores, sabores y vivencias en los campos de La Pampa

Entre pan casero, mate, ordeñes, arreos y siestas, la tradición rural pampeana se transmite de generación en generación y es compartida con los viajeros que encuentran en las estancias un mano a mano con la naturaleza.

Si hablamos de turismo rural hablamos de La Pampa. El imaginario colectivo identifica a la figura gauchesca con la geografía de esta provincia y la llanura de la región parece decir “sí, yo soy el campo”. Los visitantes encuentran tranquilidad y belleza en la propuesta de la zona, entre las tareas agrestes y el cielo estrellado.

Ya desde tempranito la experiencia es gratificante. Las estancias pampeanas tienen a la actividad productiva como principal trabajo, así que los viajeros colaboran o aprenden ya desde el amanecer cómo es la rutina por estos pagos.

La inmensidad del territorio acompaña aportando la sensación de paz y los locales comparten con los visitantes las tradiciones que recibieron de generación en generación. En la mayoría de los casos son los mismos dueños quienes reciben a los viajeros, orgullosos de lucir sus horizontes, su gastronomía y sus producciones.

Los caldenes decoran la postal en una cotidianeidad que invita a recibir a todos los interesados en aprender, descansar, comer bien y conectarse con la naturaleza. Las unidades productivas son pequeñas y familiares así que los viajeros disfrutan de ver los procesos de manera menos industrial a las que están acostumbrados. La dinámica de esas tareas se combina con la paz del ambiente y siempre hay una mano que convida un mate caliente y una galleta.

La jornada transcurre lenta y con gracia entre ordeñes, preparación de embutidos y arreo de animales en inmensos mantos verdes que parecen pintados por un artista. El aroma a pan recién horneado a la mañana y al cordero asándose entrada la tarde acompañan la rutina, plena de lenguaje de campo. Muchos viajeros llegan en primavera y otoño para disfrutar de los colores en su  máximo esplendor y las condiciones climáticas más nobles, pero todo el año está activa la tradición familiar, y se vive tan pura como la leche recién ordeñada.

 

 A La Pampa se llega en avión, al aeropuerto Santa Rosa, en ómnibus o en auto, por las Rutas Nacionales 35, 5, 151,152, 154 y 188 y las Provinciales 10 y 18.

 

 

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