Colores y contrastes del fin del mundo

Desde la tierra o desde lo alto, entre vegetación verde o por la blanca nieve, con gastronomía sofisticada o en un picnic en medio del bosque, con invierno o en verano. Esta provincia está repleta de opciones y todas enriquecen la experiencia más al sur de la Argentina.

En la provincia de Tierra del Fuego el paisaje cambia rotundamente a lo largo del año. La tardía primavera trae los primeros brotes de color que en el verano inundan por completo pastizales, bosques y turbales. Durante el otoño, los ñires, las lengas y los árboles bandera moldeados por el viento sureño tornan a bellísimos tonos de rojos, amarillos y ocre vistiendo al entorno con una sinfonía de colores. En el invierno, el blanco avanza desde las cumbres hasta cubrirlo casi todo. Existen diferentes experiencias durante las cuatro estaciones y pueden vivirse a través de una variada paleta de actividades.

Una visita a estas tierras puede comenzar con la clásica navegación por el Canal Beagle hasta el faro Les Eclaireurs, donde es imposible no sacar decenas de fotos. Es el primer contacto con el viento, los lobos marinos y el agua transparente de los confines de esta isla, que sobre tierra firme espera con excelente gastronomía a base de centolla, mariscos, merluza negra y cordero.

Los centros invernales y el Cerro Castor con la temporada de nieve más prolongada de Sudamérica atraen a principiantes, adeptos y profesionales del snowboard y el esquí –alpino y de fondo–, comenzando con la tradicional marcha de antorchas. Y en épocas más estivales, la pesca deportiva en diversos espejos de agua y ríos regala quietud y tranquilidad en medio de un paisaje imponente que llama a la contemplación y la conexión con el entorno y uno mismo.

El pasado inhóspito de estas latitudes se acerca al presente al recorrer estancias cuyos cascos históricos invitan a ser transitados, en paseos como el del fabuloso Tren del Fin del Mundo y en los museos de Tierra del Fuego. Todo el territorio propone alternativas para estar activo y en contacto con el medioambiente. En la zona sur, en particular dentro del Parque Nacional Tierra del Fuego, se encuentra preservado el bosque subantártico, en donde conviven especies autóctonas e introducidas. Y en la zona norte la observación de aves marinas es otro atractivo, especialmente en Río Grande con la Reserva Provincial Costa Atlántica, parte de la Red Hemisférica de Aves Playeras. Visitar el lago Fagnano -de 545 kilómetros cuadrados de superficie- regala otra postal impresionante, pues es el espejo de agua de origen glaciar más extenso de la isla y uno de los más grandes del país.

Por su ubicación remota, sentirse aislado del mundo es mágico en la única capital transcordillerana del país, donde los amaneceres y atardeceres son tan surrealistas como cada 21 de junio, cuando el solsticio de invierno se presenta como la noche más larga del año. Por el contrario, cada 21 de diciembre, más de diecisiete horas de luz conforman el día más extenso, dando comienzo al verano.

En una misma jornada los visitantes pueden vivenciar y sentir la lluvia, el viento, el sol y la nieve, teñidos de una sensación de paz contagiosa. Sólo queda elegir si dormir en Ushuaia, Tolhuin o Río Grande y disponerse a salir a comer un cordero fueguino, una merluza negra o unos frutos de mar para cerrar una jornada de pleno movimiento.

 

A Tierra del Fuego se llega en avión al aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas, a 3 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, o al de la ciudad de Río Grande, a 5 kilómetros. También en ómnibus o en auto, por la Ruta Nacional Nº3.

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