Cumbres de Neuquén, desafiando las alturas

Vistas impresionantes, termas y un cielo al que se quiere llegar, son el estímulo para los andinistas que, con entrenamiento y paciencia, alcanzan la cima de las montañas neuquinas. Si se ama la naturaleza al igual que las emociones fuertes, Neuquén guarda lugares únicos a los que se puede llegar retando la gravedad.

Todo empieza en el momento en que los viajeros deciden visitar alguno de los cerros y volcanes que se levantan majestuosos en Neuquén, a lo largo de la Cordillera de los Andes y la Cordillera del Viento. Se preparan rutinas de menor a mayor grado de dificultad y cada uno disfruta, a su manera, de la montaña y las alturas. 

Entre las cimas más importantes del norte de esta región se revela el cerro Domuyo. Con sus 4709 msnm tiene fama de ser la máxima elevación de la región patagónica y por eso se ganó el apodo de “el Techo de la Patagonia”. Si bien este punto no tiene la complejidad de ascensión técnica de otras montañas, posee otros factores asociados a la orografía, altitud y variabilidad climática que exige una adecuada preparación física, equipamiento y aclimatación en su ascenso, y los andinistas encaran el desafío para tocar el cielo de este paraíso. Popularmente respetado, el lugar dio origen a la leyenda de la niña del peine de oro, en su cima resguardada por un toro rojo que arroja piedras y un potro salvaje que se personifica en el viento ante todo caminante que atraviese la montaña.

En un entorno agreste, los visitantes recorren la vegetación arbustiva y achaparrada, afloramientos rocosos, profundos cañadones y valles glaciares. Es el corazón del Área Natural Protegida Sistema Domuyo, que cobija importantes manifestaciones geotermales. Todos se sorprenden aquí ante los arroyos de aguas calientes, las fumarolas y olletas, con temperaturas que oscilan entre los 38 y 98 grados centígrados a su alrededor. 

Para iniciar la aventura, los viajeros se alojan el día previo en la localidad de Varvarco, último pequeño poblado de servicios conocido como “El Portal del Domuyo”. Cabañas y una nueva hostería sirven para preparar los equipos y la comida de la expedición. Al día siguiente, bien temprano se parte hacia el Domuyo, recorriendo unos 42 kilómetros hacia el norte hasta arribar a “punta de camino”. Se atraviesan algunos puestos rurales y entonces sí, los buscadores de experiencias se adentran en el área protegida por los imponentes Cajones de Atreuco y Convunco, en un camino zigzageante de tierra y de cornisa.  Desde el playón, a 2.700 msnm, un cóndor sobrevuela muy cerca en impresionante planeo. Aquí comienza el sendero de cuatro jornadas hacia la cumbre.

El primer día se arriba al campamento base Lagunitas -a 3.100 msnm- para dormir y dar breves caminatas de aclimatación; al día siguiente se opta por ascender hasta el segundo campamento, Pircas (3.800 msnm) o mantenerse en el primero; y el tercer día corresponde al mayor desafío: encarar la cumbre alrededor de las 4 de la mañana. El ascenso se hace constante y la vegetación escasea hasta desaparecer a medida que se gana altitud. El punto crítico lo constituye la pendiente mayor, a 50 grados, en la zona conocida como La montura. La propensión a sentir cansancio o mareo puede determinar un regreso y es un desafío caminar por amplios campos de hielos eternos. El paisaje demanda andar lento con ayuda de bastones, crampones y alguna encordada. Luego de una agotadora caminata se llega a la cumbre, que espera al final de una explanada junto a la mítica laguna del Domuyo. La panorámica es impresionante. Agotados pero felices, los andinistas admiran las elevaciones de Chile más allá de la Cordillera de los Andes, el sur de Mendoza y toda la zona norte. Tras registrar el ascenso en un libro se emprende el regreso hacia la primera base para hacer noche y recuperar fuerzas. Al cuarto día, luego de levantar campamento, aguarda un relajante baño termal en Aguas Calientes, junto a un chivito al asador o a la parrilla como premio.

Otro de los atractivos que convoca escaladores es el fabuloso Volcán Lanín (3.776 m.s.n.m.), en el Parque Nacional homónimo. Quienes llegan a la cima disfrutan de la recompensa única que implica contemplar desde arriba a la Patagonia con los ojos del cielo. Se accede a él a través de Junín de los Andes, recorriendo 60 kilómetros hasta la seccional de Guardaparque de Río Turbio, sobre la cara norte de la base del volcán. El ascenso comienza muy temprano, siempre con un guía habilitado. Se recorren senderos dentro del bosque andino patagónico de lengas y ñires hasta el Arroyo Turbio, entre aves características de la zona como el carpintero gigante. Luego la altitud comienza a cambiar y el paisaje se torna volcánico. La llamada “Espina de Pescado”, un filo de un kilómetro de extensión formado por una morrena glaciar, hace su aparición y le sigue el “Camino de Mulas” y “Los Caracoles”, haciendo diversas paradas para contemplar el paisaje y disfrutar mejor el viaje.  Durante el camino, el silencio de la naturaleza y el roce del viento conmueve a los caminantes.

Se hará de noche en uno de los tres refugios de montaña y se retoma al otro día antes del amanecer, si el clima lo permite, a desafiar la cumbre. La adrenalina crece, ya que a partir de aquí el trayecto es más técnico, transitando por el costado del glaciar, caminando por nieve congelada, utilizando casco, crampones, bastones o piquetas. A poco de llegar a la cima, cuando la luz del amanecer ilumina el ambiente, se da una conjunción de colores de increíble belleza. Es en ¨La Canaleta”, el sector de mayor pendiente, donde se requiere fortaleza física y emocional. Una hora más tarde, en la ansiada cima, el paisaje cuenta su historia y la de otros volcanes y cerros (Quitrupillán, Villarrica, Llaima, Batea Mahida, Chapelco y Tronador), bosques y lagos, como el Trómen, el Quillén y el Carilafquen, entre otros.

Es buen momento para compartir alguna bebida, comer algo y sacarse la foto que se guardará por siempre, antes de emprender el regreso para disfrutar de un chivito o cordero patagónico junto con un buen vino de la provincia.

 

Cómo llegar:
Norte Neuquino
Desde Neuquén, Aeropuerto Presidente Perón, 9 km de Neuquén Capital
En Bus o en auto: la ruta Nacionales 22 y 40 y las Ruta Provincial 43
San Martín de los Andes:
Aeropuerto Chapelco Aviador Carlos Campos, a 22 kilómetros del casco urbano de San 
Martín de los Andes; en ómnibus o en auto, por la Ruta 40, 22, y 234.
Villa La Angostura:
Aeropuerto Internacional San Carlos de Bariloche, Tte Luis Candelaria”, a 80 km de Villa La 
Angostura.
En bus o en auto, rutas nacionales  22,40, 237 y 231

 

 

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