El Shincal, la capital incaica más austral

El Shincal de Quimivil permite entrar en contacto con los vestigios de la civilización inca en Argentina. Un encantador paisaje serrano enmarca más de cien construcciones que conforman una postal natural maravillosa, llena de historia.

El aire que se respira en el sitio arqueológico El Shincal es puro y guarda la energía de miles de años de sabiduría. El canto de los pájaros acompaña el recorrido y genera una unión con las culturas ancestrales de la zona que dejaron su legado en este rincón de Catamarca.

Sorprenderse en El Shincal no es nada difícil. Al recorrer los senderos y subir las escaleras a los cerros ceremoniales, se entra en contacto con una de las culturas originarias más importantes de Latinoamérica y eso se siente. En medio de la vegetación espesa y de las más de cien construcciones incas muy bien conservadas, la escalera invita a subir hasta la cima del cerro por peldaños perfectamente recortados y a caminar la arquitectura incaica estando en el sitio arqueológico de esta civilización más grande del país. La alineación de los edificios con el espacio cósmico genera una postal preciosa y, al llegar al punto más alto del camino, la imponente vista del paisaje serrano sorprende y emociona. 

La conexión espiritual es inevitable: el lugar inspira a buscar momentos para la meditación en soledad. La calma habita la región y es acompañada por los aromas de la vegetación autóctona, los matices de la flora y los sonidos de la fauna escondida. El “shinki” o “chillca” es la planta espinosa rala presente en toda la zona; de ahí el nombre de este paraíso: lugar donde abunda el shinki. El ambiente sorprende por su limpidez y las cámaras de fotos buscan plasmar la curiosa definición de colores que se da ante los ojos de cada visitante.

La historia inunda estas ruinas que inevitablemente remontan al pasado. Se aprende que los incas establecían estratégicamente capitales regionales (wamani) y que cada una tenía una gran plaza central, en donde se encuentra el lugar de las ofrendas. Alrededor, las casas privadas, los espacios públicos y los graneros acompañaban el diseño, que aún hoy se puede apreciar.

En este paraíso es conveniente hacer la visita por la mañana, en épocas de temperaturas bajas y moderadas, para poder descubrir todos los espacios que componen el sitio. Basta con hospedarse en las localidades de Londres o Belén y partir a la aventura, a sólo 5 kilómetros de la ruta nacional Nº 40.

Una vez en El Shincal, pisar el suelo rocoso, sentir el aire de los cerros y el sol pegando en la cara; los sonidos de los ríos corriente abajo y los arbustos que se mecen con el viento ponen en clima para conectarse con un pasado majestuoso. Cada detalle colabora con la experiencia de sentir que, entre estos vestigios, hay una civilización que aún vive y tiene una historia que contar.

 

A Catamarca se llega en avión, al aeropuerto Felipe Varela, en ómnibus o en auto, por la ruta nacinonal Nº 60, la ruta nacional Nº 38 y la ruta nacional Nº 40. Por esta última se sigue hasta Londres y, a 5 kilómetros, la entrada al sitio, a donde llega además un colectivo que sale de Belén.

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