En lo más alto de la Ruta Nacional Nº 40

Los 4500 msnm en la Quiaca marcan el final del camino que une a toda la Argentina en un recorrido extraordinario que incluye salares, puna, géiseres, lagunas, volcanes y, por supuesto, muchas historias.

En la Quiaca, en el kilómetro 5000 de la Ruta 40, las emociones florecen con fuerza. Se encuentran viajeros que recorrieron mucho camino para llegar acá, a veces incluso desde el kilómetro 0 de esta misma ruta, en Santa Cruz, y otros que se acercan exclusivamente para ver ese hito: es el punto inicial o final del trayecto que une a casi toda la Argentina y no sólo eso, es el punto más alto, con 4500 msnm.

Los paisajes cambian constantemente. Volcanes, salares, lagunas de aguas termales y géiseres son algunos de los regalos que ofrecen estos 500 kilómetros repletos de adrenalina y contacto con la naturaleza que atraviesan la provincia. Y, en semejante altura, es un desafío para superar nuevas metas.

Guías del camino serán los mapas, las lagunas de alturas, la reserva de biósfera de Pozuelos, la puna y la ciudad septentrional de la Argentina, Santa Catalina, más al norte que ninguna otra.

Vale la pena hacer este recorrido en otoño o primavera, cuando las temperaturas no son tan bajas y tampoco hay lluvias fuertes que afecten los caminos, como sucede en verano. En las épocas amigables el viento acompaña sin molestar y los colores cambian a lo largo del día. El sol tiñe el cielo de diferentes tonos y el olor a leña de las cocinas se mezcla con el de la coca, necesaria para encarar las condiciones geográficas.

Desde la Quebrada de Humahuaca la ruta nacional Nº 40 hacia el oeste lleva a Tafna, Santa Catalina, Oratorio; Paicone y sus cerros de colores, Cusi Cusi y el Valle de la Luna. Luego aparecen Liviara con su curiosa formación símil hielo, Coranzuli con su géiser, San Juan de Quillaques con sus construcciones y Susques, localidad que cobija una antigua iglesia con piso de tierra. Por el cruce de la ruta nacional Nº 52, el parque de piedras volcánicas La Juguetería ve pasar a los visitantes, que quizás se detengan antes de seguir a Puesto Sey y su comunidad, el volcán de Tuzgle y las termas, y por último el viaducto de La Polvorilla.

En medio de la cultura kolla y atacameña, con comunidades originarias sencillas y amables, el recorrido es riquísimo. Se escucha una copla o una leyenda, se aprende sobre las formaciones geológicas y se para en alguna casa rural en la que hacer noche aislados del mundo. Embarcarse en causas mágicas como la alfarería o la extracción artesanal de oro, visitar al único marquesado del país, Tojo, o vivir una celebración como la de San Juan Bautista, las doctrinas en Yavi o el toreo de la vincha en la localidad de Casabindo son más de las innumerables posibilidades.

Ya en la Quiaca, hoteles, hosterías y restaurantes (además de un centro de informes y posibilidad de cargar combustible) cobijan a los visitantes para otra buena noche de descanso antes de emprender el regreso o, por qué no, decidir quedarse por más. Travesías en 4x4, montañismo, observación de aves, termalismo agreste, safari fotográfico… Las posibilidades son tantas que una semana parece no alcanzar.

 

A Jujuy se llega en avión al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 40 o la ruta nacional Nº 9.

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