La fe, el coraje y la tradición salen al ruedo en Jujuy

Lugareños y visitantes se unen en el Toreo de la Vincha para honrar a la Virgen de la Asunción y a la Pachamama, dando lugar a un momento de pura celebración.

Los toreros no lucirán trajes vistosos, estarán armados únicamente con sus habilidades y coraje; la plaza para el toreo no será un imponente anfiteatro y en la arena jamás se lastima a un toro. La agasajada, “la Mamita” para los lugareños y la “Virgen de la Asunción” para otros, patrona de esas tierras, presidirá el Toreo de la Vincha, arraigada manifestación de religiosidad popular, originaria de la conquista y alimentada con el milenario espíritu kolla de los pueblos puneños.

En Casabindo la vincha es rescatada una y otra vez, y luego, toreros y público se entreveran por las ferias del pueblo. No es otra cosa que la oportunidad que tiene cada lugareño de ofrendar a la Santísima todo su valor y coraje, su altivez como la de sus cerros, con tamaña e indescriptible unción de fe. Al toro se debe arrebatarle de entre sus cuernos la vincha roja adornada de antiquísimas monedas de plata, para ofrendarla a la Virgen. Simplemente a cambio de un mejor multiplico de la hacienda... a cambio de un mejor pasar de su himilla junto a sus guaguas.

Es por ello que El Toreo de la Vincha no pierde su originalidad, porque quien sale al ruedo para traer una muestra acabada de valor y coraje es siempre un improvisado torero del lugar que, como otros tantos peregrinos, ha llegado sin otra intención que la de honrar a la Santa Patrona, y parte de sus ritos estarán centrados en su participación como “El Torero de la Puna”, para satisfacción de sus hermanos de tan silenciosa raza y para divertimento de los visitantes, que se congregan cada 15 de agosto para compartir.

Esta celebración, en el mes de ofrendar a la Pachamama, hace preparar a todos los pueblos de Jujuy y en especial a los de esta región puneña, un escenario único de sincretismo y sentimiento religioso donde se mezclan celebraciones católicas, corpachadas, baile de cuartos y la particular danza de los samilantes al son del erke que invoca  la lluvia, tesoro tan preciado por estas tierras.

Desde muy temprano, la salva de bombas desde la plaza Pedro Quipildor alertará a los residentes apurándolos a ultimar los detalles, dando la bienvenida a los visitantes y a aquellos que estarán llegando con sus misachicos desde los pueblos vecinos. A algunos se los verá presurosos colocando los arcos de flores y frutas en la entrada de la iglesia, a otros preparándose para la feria de platos regionales que se realiza al medio día, los artesanos estarán acomodando sus productos en lana de llama y los organizadores coordinando todo en la plaza taurina. Lo que de seguro llamará la atención serán los hombres disfrazados de suri. Se los percibirá a todos muy ansiosos, pero en esos ojos negros profundos se notará una inmensa alegría de sentirse unidos con devoción a la “Mamita” de la Asunción. Mientras muchos concentran sus miradas en los juegos taurinos que se desarrollan en la plaza central, una ceremonia se realiza al son del erke.

Esos hombres emplumados a los que desde tiempos de la conquista se les otorgó la función de “Guardianes de la Virgen”, comienzan su ceremonia haciéndose casi invisibles entre medio de tanta gente. Al costado del la iglesia, conocida en la zona como “la Catedral de la Puna”, se cava un pozo para agradecer a la Pachamama por los favores recibidos y se clavan en la boca abierta los palos en su danza por el agua. Luego se separan y cual carreras de suris en polvareda, aterrizan arrodillados a la puerta de la Madre Tierra, pidiendo con un canto muy especial un nuevo año con mucha lluvia y buenas cosechas. Porque como los abuelos dicen: “si el suri canta, agua trae”.

Después se elige al nuevo “suri”, un joven que mantendrá como legado esta danza. Lo arrodillan al costado de la “Pacha”, lo empluman con sus sombreros, y “picoteándolo” suavemente con sus bastones de manos lo hacen bailar al son del erke. Por último se hace una gran corrida danzada cerrando la boca de nuestra Madre Tierra.

Para vivir la fiesta en su totalidad se recomienda subir un día antes, ya que los misachicos invitados comienzan a llegar para la noche de novena y esplendorosa danza de luminarias. Toda la velada se reza esperando el gran día y entre oraciones, cantos y bailes, y quienes lleguen observarán el cambio de hábitos de la virgen y la adoración de los samilantes, caballitos, toritos, cuarteadas y bandas de sikuris que acompañarán la gran luminaria, antesala del Torero de la Puna, para satisfacción de todos los hermanos de tan silenciosa raza.

 

A Jujuy se llega en avión al aeropuerto Gobernador H. Guzmán, en ómnibus o en auto, por la Ruta Provincial 11 y Ruta Nacional 9.

 

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