Laguna Blanca: un oasis lleno de contrastes

Picos nevados, agua cristalina y un fondo lleno de sal conforman un paisaje mágico en esta reserva natural que protege a las vicuñas como un animal sagrado.

Entre los departamentos de Belén y Antofagasta, se levanta la reserva de biósfera Laguna Blanca. El agua cristalina que deja entrever el fondo blanco de la superficie se mezcla con la aridez del paisaje y esa combinación atrae a viajeros que buscan asombrarse con la naturaleza y apreciar la cultura local. La gente del pueblo aprecia el recorrido hecho para llegar hasta aquí y lo demuestra con cordialidad, sencillez y afecto.

Alrededor de la laguna de características salinas, el ambiente de la puna cobija a los viajeros y el amor por la tierra se traduce en las costumbres regionales y el respeto por la vicuña, la estrella de estos pagos. Un recorrido por la zona lleva al contacto con la pachamama en las apachetas, a caminatas tranquilas por las construcciones de adobe y pirca, a respirar profundo ese aire puro y acercarse al animal silvestre presente, que se deja acariciar como si se jactara de su suavidad.

La vicuña es tan ancestral como la laguna y se la respeta mucho. La comunidad local realiza artesanías con su lana con técnicas transmitidas de generación en generación. Los animales que son esquilados son devueltos a su entorno en una ceremonia sagrada llamada “chaku”. Esta celebración se realiza cuatro veces al año y en ella pueden participar los visitantes. Las vicuñas se juntan en un sector, la comunidad cierra la salida de la manga con una cuerda chimpiada (adornada con hilos y pequeñas telas de colores) y va guiando a los animales hacia un corral. Al día siguiente después de la esquila, se los libera finalizando con una gran fiesta popular.

Cualquier época es buena para ir, pero un momento especial es el primero de agosto, cuando se celebra el día de la Pachamama y tiene lugar la corpachada puneña, un rito público en la plaza central donde hay una apacheta (altar de piedra para la Pachamama). Aquí están presentes diferentes personajes míticos, como el silbido del viento y la deidad protectora de la vicuña, el Coquena, que tiñen de magia las costumbres de la provincia.

El nevado de la laguna corona el paisaje, en donde aún quedan opciones para experimentar, como el Museo Integral de Laguna Blanca, la pesca de trucha, los mercados artesanales y una caminata de dificultad por la que se llega a una cascada que regala una vista privilegiada de la laguna y su entorno. Una hostería y otros alojamientos reciben con calidez a los viajeros y se prestan a esperarlos, sobre todo de septiembre a diciembre. Saben que se viene el momento de la esquila y nadie se lo quiere perder.

 

A la provincia de Catamarca se llega en avión, al aeropuerto Felipe Varela, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 60, la ruta nacional Nº 38 y la ruta nacional Nº 40. A Laguna Blanca se llega desde Belén. 

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