Mar de Ansenuza, la maravillosa laguna que se viste de mar

La provincia de Córdoba tiene uno de los humedales salados más importantes del mundo con sus flamencos rosados y leyendas originarias. Descubrí los secretos de este paraíso entre deportes náuticos, pesca y atardeceres espectaculares.

La laguna Mar Chiquita no tiene nada que ver con su nombre. Es cuatro veces más grande que el Mar Muerto y cobija a la mayor biodiversidad de aves en toda la provincia de Córdoba, más de 250 especies, entre las que se destacan flamencos australes y andinos. Con semejantes visitas de plumaje rosado, el paisaje se torna increíble en Miramar.

Las escapadas a este espejo de agua brindan conexión con la naturaleza y tranquilidad absoluta. Es uno de los humedales salados más importantes del mundo y encierra una pintoresca leyenda que siempre un guía está dispuesto a compartir. El lugar también es llamado Mar de Ansenuza, tal como lo bautizaron los pobladores originarios, y cuenta la historia de amor entre uno de ellos y la diosa del agua.

Los viajeros quedan anonadados ante la inmensidad de la laguna -de una superficie de 2800 kilómetros cuadrados-, y más cuando se enteran que se adjudican a sus aguas propiedades curativas. Dicen algunos, en relación con la leyenda, que curan el mal de amor, pero lo cierto es que aquí especialmente hace bien un poco de fangoterapia por los minerales que guarda el barro. Los visitantes, entonces, se embadurnan gustosos y se pierden en sus pensamientos observando el horizonte en el que no se llega a ver la costa. Otros prefieren practicar pesca deportiva de pejerreyes y otros dan largas caminatas por la costanera, que se renovó y tiene hasta bicisenda.

Mientras se aprende que aquí se hallaron fósiles de la era cuaternaria, alguien pregunta qué es esa vieja estructura que se divisa a unos kilómetros. Se trata del Hotel Viena, un edificio de lujo referente en la década del 50, inundado durante una catástrofe que se llevó consigo a la ciudad. La nueva Miramar se construyó más tarde y el emblemático Viena quiso continuar recibiendo gente, así que hoy se visita por las noches. Claro que para llegar a ese momento del día hace falta esperar el atardecer, y ese es otro placer que experimentan los viajeros en este punto de la provincia. Dicen que es la mejor puesta del sol cordobesa, con el cielo que va cambiando de colores y los flamencos erguidos que de a poco pasan a ser siluetas a contraluz.

A la noche, sólo resta hospedarse en la ciudad balnearia (ofrece numerosos alojamientos y restaurantes), probar los chacinados de La Para y La Puerta y degustar las exquisiteces de las trattorías italianas, para luego descansar hasta la mañana siguiente, cuando la rutina de vacaciones vuelva a empezar.

Durante todo el año, pero en especial de octubre a marzo, este “mar” en el centro de la Argentina, al que los propios cordobeses eligieron como “la primera maravilla natural de la provincia”, invita a practicar observación de aves y fauna, deportes náuticos, safaris fotográficos, natación y paseos bajo la luna, y no hay quien pueda resistirse.

 

A la ciudad de Córdoba se llega en avión al aeropuerto Ingeniero Ambrosio Taravella; en ómnibus o en auto, por la Ruta 9. Miramar se ubica al noroeste de la provincia.

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