Oasis verdes en la ciudad de Buenos Aires

En medio de lo urbano, hay descanso y aire libre entre árboles autóctonos, aves y cuidado paisajismo. Deportes, tardes de mates y manifestaciones culturales son constantes a pleno sol para disfrutar todos los días.

Tendidos sobre un prolijo manto verde, el sol pega en la cara de un viajero que almuerza algo al paso o toma unos mates en busca de un remanso. Al lado, una bicicleta descansa antes de volver al ruedo. Es un recreo dentro de las actividades más urbanas de la ciudad, un paréntesis lejos de los medios de transporte y el bullicio, pero sin perder el encanto de una gran metrópolis.

Todos pueden disfrutar de los escenarios verdes de Buenos Aires. Hacer observación de aves en la Reserva Ecológica de la Costanera Sur que protege el pastizal pampeano, aprender sobre flora exótica en el Jardín Botánico, hacer un picnic en el Parque Saavedra, andar en rollers en el Parque 3 de Febrero o en skate en el Parque Centenario y en el Parque Costanera Norte, flamante ícono de deportes urbanos extremos. Y hay muchas opciones más; están quienes se suman a una clase de yoga a la gorra, a bailar swing junto a un grupo de expertos, a ver un ensayo de danzas afro o a mimetizarse con el ritmo de la naturaleza junto a un grupo que practica tai chi. Hay parejitas de la mano, jóvenes que prefieren estudiar al aire libre, hombres jugando un fulbito, amigos tomando mate charlando sin parar. Es una oportunidad única para ver cómo fluye la vida cotidiana de los porteños y sociabilizar un poco, detenerse a ver un espectáculo de títeres con los más chicos de la familia o a escuchar música de excelente nivel.

El paisajismo es otro punto a admirar en estos espacios. La floreada y moderna obra de Carlos Thays en el parque que lleva su nombre, la equilibrada delicadeza de las formas orientales en el Jardín Japonés (el más grande en su tipo fuera del país nipón) o la funcionalidad del Parque de los Niños, en el barrio de Núñez. Y la clásica Plaza San Martín, gran ejemplo de esa fusión entre naturaleza y ciudad que se da entre los árboles nativos, las esculturas y los edificios que la rodean.

El paisaje nunca es el mismo y vale la pena vivirlo en cada estación. En primavera y verano los colores explotan en las flores, en otoño las hojas amarillas y secas los tiñen de una paleta ocre maravillosa y, aún en invierno, las ramas peladas conforman una postal clásica que puede asociarse a la melancolía porteña. El contacto con el pasto dará la calma necesaria para encontrarse con uno mismo en medio del murmullo cotidiano.

 

A la Ciudad de Buenos Aires se llega en avión, por el aeroparque Jorge Newbery, en ómnibus o en auto, por las Rutas Nacionales 3, 5, 7, 8 y 9.

 

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