Parque Nacional Quebrada del Condorito: majestuosidad en el corazón de las sierras

El Parque Nacional Quebrada del Condorito invita a recorrer un camino lleno de cuarzos y pastizales que premia a quienes se animen con un paisaje increíble: las montañas y, en pleno vuelo, los majestuosos cóndores andinos.

Muy temprano en la mañana los viajeros salen de la ciudad de Córdoba con destino a la Reserva Pampa de Achala, más precisamente al Parque Nacional Quebrada del Condorito. Vistas increíbles de los valles y las Sierras Chicas acompañan hasta llegar al ingreso al parque por el paraje “La Pampilla”, donde un camino de ripio conduce al Centro de Visitantes. Desde allí, una senda agreste conduce a la Quebrada del Condorito. El recorrido es de casi 6 kilómetros hasta el Balcón Norte, con un pintoresco paisaje de pastizales de altura y pequeños bosques de tabaquillo.

Por su cualidad de “isla biogeográfica”, uno de los rasgos más destacables del área es la presencia de especies y subespecies endémicas, únicas de las altas cumbres de estas serranías. Es así que en medio del mar de pastos aparece la pequeña orquídea de Achala, y con sorpresa se ven de repente un escuercito y dos reptiles propios de esta zona: un lagarto verde y una culebra listada. Las sonrisas brotan en los viajeros que atinan a disparar sus cámaras de fotos y lo mismo sucede cuando un zorro colorado pasa andando tranquilamente.

Casi cinco horas más tarde (un poco menos si se hace en bicicleta), luego de alcanzar la décima posta, se inicia el último tramo hasta el Balcón Norte por el sendero bautizado “Un encuentro con los cóndores”. Allí se cuentan las características y particularidades de las aves de la región, especialmente del Cóndor Andino, que todos están ansiosos por admirar. Al fin se encuentra una panorámica increíble de la quebrada  que da nombre al área protegida: un profundo cañadón en forma de “V” -de 800 metros de altura y 1500 metros en su parte más ancha- desde cuyos bordes superiores se observa el suave planeo de estas majestuosas aves a casi el mismo nivel que los viajeros. El espectáculo es increíble, la especie tiene aquí una población estable todo el año, y por las horas de luz se ve más tiempo en primavera y verano.

Mientras usan binoculares para apreciar mejor cada detalle, los visitantes aprenden que, curiosamente, este es el único lugar donde anida esta especie fuera del cordón andino, lo que los lleva a valorar más la experiencia. Parece mentira que a menos de 100 kilómetros de la ciudad este sea el panorama: contemplar a estos gigantes del aire volando casi sin esfuerzo en medio del increíble paisaje del Río Condorito y la Quebrada. La emoción aflora y, al pasar las aves con las alas abiertas, un guardaparque ayuda a identificar si se trata de machos o hembras. También explica que a los cóndores se los relaciona con la longevidad porque viven más de setenta años y habla sobre el respeto que siempre le tuvieron las comunidades originarias. La sensación se contagia y se vive lo natural. Sin teléfonos ni ruidos artificiales más que el “clic” de la cámara de fotos, aquí hablan los aleteos y el viento de las montañas.

En el Parque no hay hospedajes, por lo que hay que ir y volver en el día para alojarse en Villa Carlos Paz o Mina Clavero. Y si hay luna llena, vale la pena esperar a que caiga el sol para admirar a los cóndores volando al atardecer y regresar en una caminata espectacular en la que los pastizales se vuelven plateados, las piedras de cuarzo brillan y la energía se irradia entre en los cuerpos. Un consejo para los más osados es realizar esta excursión en invierno. Las temperaturas bajas hacen sentir mucho el frío, pero el paisaje tapado por un manto blanco es otra experiencia inolvidable.

 

A la Ciudad de Córdoba se llega en avión al aeropuerto Ingeniero Ambrosio Taravella; en ómnibus o en auto, por la Ruta 9. Al PN se accede por la Ruta Provincial 34 a la altura de los kilómetros 60 y 59, en el paraje La Pampilla.

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