Posadas, de mi tierra roja

Un viaje al pasado en el barrio más antiguo de la ciudad, un recorrido por el centro histórico y una caminata por la costanera de cara al Paraguay pueden ser parte de un viaje coronado por un atardecer único y un paseo por el Paraná.

El avión aterriza en Posadas, ciudad que hasta hace poco tiempo no era más que un punto de partida, pero que hoy se puede redescubrir desde sus costumbres, su música y sus tradiciones. Ya camino al centro se observan modernas construcciones y un guía cuenta que la ciudad, privilegiada por su ubicación geográfica, cumple un papel estratégico como punto de convergencia en las relaciones económicas y socio- culturales de Mercosur. Por eso hoy el Parque del Conocimiento, con su moderno Centro Provincial de Convenciones, es lugar para eventos de todo tipo: culturales, científicos, técnicos y artísticos.

El recorrido se inicia por el circuito Histórico Patrimonial, que propone un itinerario por las construcciones más representativas del pasado y presente posadeño y misionero. Allí, la belleza de la cotidianeidad revela una singular riqueza con más de 400 años condensados en calles, en barrios y sobre todo en el recuerdo de su gente.

El paseo permite descubrir las particularidades étnicas e históricas que intervinieron en la actual conformación de la ciudad y conocer sus museos y espacios culturales de la mano de reconocidos artistas locales.

Después de un buen almuerzo, una opción es hacer el Camino del Mensú, que transporta a los visitantes por la memoria en un viaje a través de la magia, las anécdotas y leyendas de Posadas. Ingresar a la Bajada Vieja, el barrio más antiguo de la ciudad, es viajar a otro tiempo, donde el río y la navegación eran actores principales de un momento que combinaba el esplendor con la explotación, el trabajo y la diversión, los mensú y los kapangas, la yerba mate, las paseras, los hoteles y bailantas…A final de la calle, mientras el sol se va escondiendo, se divisa el rio Paraná.

La nueva obra de la costanera es otro espacio que amerita un paseo. Radiante, sus veredas anchas y bulevares llenos de vegetación son ideales para caminar, tomar mate o comer algo en los restaurantes con vista al Paraguay y a la vecina Encarnación, que saluda desde la otra orilla.

La noche estrellada y la brisa fresca regalan paseos en catamarán y, si es noche de luna llena, el recorrido es majestuoso. La navegación tranquila se puede acompañar de una cena de cocina fusión misionera, en un paseo que siempre culmina en un clima de fiesta, con luces y música a bordo. Es más de la celebración única que propone la naturaleza de Posadas, un contraste maravilloso entre el agua, el cielo y la tierra.

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