Pueblos turísticos, una cita con lo auténtico

La velocidad queda a un lado ante la calma de los pueblos bonaerenses, que invitan a recorrer la historia local a través de antiguas estaciones de tren, viejos almacenes y personajes entrañables

Da gusto olvidarse por un rato del asfalto, caminar por las callecitas de tierra y admirar casas suspendidas en el tiempo. El silencio acompaña y ayuda a los visitantes a notar que no pasan autos, no hay caos urbano ni, casi, señal de celular. Lejos de entrar en pánico, se siente libertad. El ritmo de campo obliga a los viajeros a bajar las revoluciones y ceder a la tranquilidad que proponen pueblos como Carlos Keen, Escalada,  Uribelarrea, Santa María, Isla Santiago, Villa Lía, Azcuénaga, Vuelta de Obligado, Gouin, Gardey, Villa Pardo, Copetonas, La Paz Grande y La Paz Chica, Pipinas,  Villa Loguercio, San Agustín, Mechongué, Saldungaray, Bahía San Blas, Garré, Santa Coloma y Villa Ruiz.

Basta una escapada para vivirlos en familia, con amigos o en pareja. Disfrutar el día y volver satisfecho, o quedarse a pasar la noche en una ciudad cercana, una estancia, un complejo turístico de la zona o una típica casa de campo.

Opciones para comenzar el recorrido son una visita a una fábrica de leche, una pulpería o una cervecería. Ya al mediodía, el aroma a leña, a salsa para las pastas caseras y a carne hecha a la parrilla comienza a aflorar de los bodegones y a copar el ambiente abriendo el apetito. Mientras, de los almacenes -esos que aún tienen las galletitas en latas- salen gauchos de ley, con su atuendo típico, bombachas y alpargatas.

El tiempo se estira tanto que alcanza para hacer más de lo planeado. En un safari fotográfico se descubren las estaciones de tren con sus viejas boleterías incluidas, y se ve cómo, recuperadas, ahora muchas funcionan como talleres de costura, museos, centros culturales o radios comunitarias.

Las caminatas entre pisos de ladrillo y tierra muchas veces conducen hasta casas de té, donde suena la radio con música folklórica y no faltan los pastelitos. Tomar unos mates ayuda a viajar en el tiempo y lograr desconectarse de todo el estrés que se traía cargado como equipaje.

Es común cruzarse con personajes típicos dispuestos a contar sus aventuras y las de otros.

Y ese entorno campestre complementa a la perfección la escapada, que se corona con una foto posando junto a uno de los letreros que, con orgullo, luce el nombre del pueblo.

 

A los pueblos de la Provincia de Buenos Aires se llega en auto por rutas nacionales y provinciales, en ómnibus y a algunos en tren.

www.pueblosturisticos.tur.ar

  • Ver Mapa