Reunión de sabores tucumanos

Las empanadas son orgullo en esta provincia, que además tiene producción propia de quesos, vinos y caña de azúcar. Es imposible no tentarse en este recorrido por los paisajes tucumanos, lleno de sabrosas propuestas.

La tucumana no es una empanada cualquiera. Es muy jugosa, el relleno se cocina con la misma agua en la que se hirvió el matambre, tiene un repulgue de exactamente trece vueltas, está hecha en horno de barro y luce el tono rojizo que le da el pimentón. Son obras maestras de la provincia y una buena excusa para adentrarse en un recorrido culinario.

Los tucumanos reciben con gastronomía regional en donde productos como el maíz, el pimentón, la carne y la cebolla de verdeo entran en juego. Es una forma de mostrar su cultura y enseñar sobre los procesos de elaboración que utilizan, también una manera de compartir para que otros experimenten sabores nuevos. Es el motivo de reunión de los amigos y las familias.

Basta con llegar y decidir si empezar probando un sándwich de milanesa en la ciudad de San Miguel (hay cientos de casas dedicadas a prepararlos), seguir hacia Tafí del Valle para conocer la elaboración artesanal del queso manchego –herencia de los jesuitas de la zona-, o emprender viaje hacia la localidad de Famaillá, donde se realiza cada año la Fiesta Nacional de la Empanada y se elige a las Campeonas de la Empanada. Cálidas y matronas, ellas siempre están dispuestas a charlar con el público, contar sobre la tradición de la cocina y, por supuesto, dar de comer lo que preparan. Ese platillo típico está presente en toda la provincia, se sirve como entrada, se realiza en las casas y se puede comer también al paso.

Recorrer los tambos artesanales de Tafí, donde se usan técnicas jesuitas, ayuda además a aprender sobre la herencia que dejaron los antepasados en la zona. En algunas estancias la gastronomía gira alrededor del queso, por lo que a las visitas guiadas se suman degustaciones.

Claro que lo dulce también tiene lugar. Gracias a las plantaciones de caña de azúcar se saborean los alfeñiques (caramelos duros de este ingrediente) y los postres tradicionales son el quesillo con dulce de cayote y nueces, los higos y los zapallos en almíbar. Estos últimos tres, ideales para combinar con un vino local de altura: los terruños de Tucumán dan vida a elixires diferentes como el Tannat.

A la mística que genera la empanada con sus aromas y sabores se suman las estancias por recorrer, la humita en olla, los tamales y muchas otras opciones tan admirables como los paisajes que acompañan cada comida. Dan ganas de recorrerlas a todas.

A Tucumán se llega en avión al aeropuerto Benjamín Matienzo, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 38 y la nacional Nº 9.

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