Rosario y el niño que llevamos dentro

Jugar a ser inventores, artistas, deportistas, grandes… ¡jugar a todo! La ciudad ribereña cobija un sinfín de espacios destinados a aprender y divertirse mediante la risa y el asombro.

Rosario tiene algo lúdico que se respira por las calles. Hay opciones para los más chicos de la familia por toda la ciudad y los grandes disfrutan tanto como ellos, sin quedarse afuera. Parques temáticos, granjas, proyectos para pequeños inventores y museos dedicados a los niños florecen dando momento a la diversión, al asombro y, por supuesto, al juego, entre la modernidad y el río.

La imaginación y la creatividad se reúnen sin límites en el Jardín de los Niños, en el Parque Independencia, un gran oasis temático dedicado a la más tierna infancia. Lugares de recreación, aventuras, misterios, construcciones y poesías viven en este espacio rosarino, con opciones para chicos con diversos intereses y adultos con diferentes posibilidades, gratis o de muy bajo costo.

Todos los viajeros que alguna vez soñaron con perderse (¡o encontrar la salida!) en un laberinto se enfrentan al desafío de “La montañita encantada”, llena de entradas falsas, obstáculos y señales que interpretar. Los interesados en la ciencia aprenden en la instalación “Leonardo, el inventor”, dedicada a Da Vinci, y ¿quién va a resistirse a la tentación de volar? Para ello hay una máquina que permite diferentes balanceos, saltos y recorridos con arneses.

Dos embarcaciones del siglo XVI convertidas en trepadores gigantes son ideales para el despliegue físico y  “La máquina de sonar” combina el lenguaje sonoro con lo corporal, para componer música con los llamados bajitos.

En una muestra interactiva en la que se ven obras de grandes artistas como Mondrian, Klee, Picasso, Miró y Kandinsky, entre otros, los chicos se dan cuenta que algunos grandes “pintaban como niños” y dan rienda suelta a su creatividad más pura. Entre risas y asombro, ven el mundo como un juego y adquieren seguridad al momento de expresar sus universos personales. Y por supuesto, personajes de renombre de la ciudad como Roberto Fontanarrosa también tienen su espacio en juegos con eje en la cultura local.

Con tres pisos repletos de curiosidades, el Museo de los Niños propone una miniciudad para chicos de 3 a 12 años. Allí, juegos de rol invitan a atravesar situaciones típicas de la cotidianeidad urbana con resquicios propios de la vida adulta: el trabajo, un aeropuerto, un banco, una estación de servicio, una maternidad, un puerto con su respectivo barco y hasta un supermercado con clientes y cajeros son algunas de las oportunidades para jugar a ser grandes.

En el Complejo Astronómico Municipal, el Planetario Luis C. Carballo invita a descubrir el cielo con sus constelaciones de manera didáctica y los visitantes estallan en sorpresa al descubrir el universo en familia.

Hacer burbujas gigantes, aprender qué es la genética o conversar sobre el tiempo son algunas de las actividades que hoy tienen lugar en la antigua estación de trenes de la ciudad, reciclada y convertida en la Isla de los Inventos. Y la clásica Plataforma Lavardén es punto de encuentro con variadas obras de teatro infantiles, cuentos y espectáculos circenses, llenos de color y personajes entrañables.

En apenas una escapada, bajo el sol o resguardados de la lluvia, todos los días del año la ciudad abre un abanico de opciones para recibir a los chicos y hacerlos disfrutar al máximo su estadía. Tanto, que los grandes querrán volver a experimentar esa inocencia y alegría.

 

A Santa Fe se llega en avión, al aeropuerto Islas Malvinas o al Sauce Viejo (a 15 kilómetros de Santa Fe de la Vera Cruz). También en ómnibus o en auto, por la Ruta 11, la 33 o la 34.

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