Ruta del vino en Mendoza

De la siembra hasta la cosecha, en una de las Grandes Capitales del Vino y cuna del malbec, se puede conocer todo el proceso de producción del vino, aprender a degustar este elixir y a maridarlo con sabores y paisajes cuyanos.

Una copa de vino brilla al sol entre las uvas que lo vieron nacer. Algunos quieren aprender a describir la complejidad de la bebida y otros eligen disfrutarla sin más, quedándose con el “tiene un no sé qué”. Todas las opciones son válidas en la provincia de Mendoza, pionera en producción (en la que destaca el malbec), que alberga 140 bodegas abiertas a los visitantes durante todo el año. Los viajeros siempre son recibidos con brindis asegurados en hoteles, restaurantes y espacios temáticos que van desde lo rural hasta la alta gama. Cualquiera sea la opción que se elija, siempre el tintineo sutil que se da cuando chocan los cristales genera gratitud por estar en donde nace aquello que se está degustando. Porque el aprendizaje reside en observar y distinguir los aromas de esta mágica pócima y también la arquitectura del paisaje, la belleza de cada etiqueta, lo autóctono de la gastronomía, la riqueza de la tierra.

Bajo el sol mendocino, la opción de partir desde la ciudad en un bus vitivinícola y recorrer la ruta alrededor del vino siempre está a disposición, al igual que las visitas guiadas a alguna bodega. Con todos los sentidos, se empieza a conocer el proceso de elaboración en su lugar de origen. En pareja, con amigos, o en comunión con un grupo de viajeros recién conocido, todo es válido al momento de divertirse.

Mientras un cordero o una trucha se cocinan en el horno de barro, las charlas se suceden y cada visitante entra a una escena cálida en la que quisiera quedarse para siempre. Los expertos enólogos y las familias rurales comparten sus secretos entre los barriles de roble y los viñedos, de escalas ocres en otoño y verdes brillantes en primavera y verano. En invierno, incluso, algunas bodegas se tiñen de blanco. La experiencia es tan noble, que terminado el viaje la mística de las vides mendocinas prevalecerá como un recuerdo siempre dispuesto a renacer. Sobre todo, cada vez que destapemos una botella.

 

A Mendoza se llega en avión por el aeropuerto internacional El Plumerillo, en ómnibus o en auto, por la RN 7 y la RN 40.

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