Ruta gastronómica en Mendoza, “Arte de sabores”

Con sus variantes autóctonas y modernas basadas en productos locales, la gastronomía mendocina y sus prestigiosos vinos invitan a un recorrido gourmet que se da enmarcado por ríos y montañas.

Mientras unas truchas y un chivito se cocinan lentamente, un especialista recomienda un vino, el sonido del descorche se fusiona con el de las charlas amenas que se dan entre amigos, con la pareja o con un grupo de recién conocidos viajeros, todos con las mismas ganas de compartir. Así son los momentos gourmet en Mendoza: en la previa del almuerzo o cena los comensales mojan un pancito en aceite de oliva de primera prensada con hierbas cordilleranas o saborean un queso de cabra y con cada ingrediente se hace el encuentro. Hay quienes comen en medio de las vides de una bodega, de cara a la cordillera o en un restaurante de la ciudad. Con su amplia paleta de sabores esta provincia cuyana logra satisfacer a todos, en una escapada o unas vacaciones, en cualquier momento del año.

En la cocina, a la parrilla o al horno de barro, los elementos autóctonos son las estrellas a la hora de cocinar tal como lo hacían los antiguos inmigrantes. Los chef se sirven de los favoritos de la zona –el vino y los olivos-, pero también de los frutos. Peras, duraznos, ciruelas y uvas hacen su aporte a la cocina de autor, que se da en un marco escenográfico de película. Por suerte, los protagonistas podemos ser nosotros, meternos dentro de la pantalla y sentir en vivo los gustos y los aromas.

Existe un circuito gastronómico armado, una aplicación para celular y una web que facilitan el recorrido por todos los restaurantes locales. Así, se elige entre hacer una degustación en una bodega, maridar olivas y quesos de cabra o pasear en bicicleta. Y a la hora de dormir, hay hostels, posadas o incluso bodegas y hoteles cinco estrellas.

Hay pescados, aves y carnes rojas, conservas, compotas y dulces regionales. El saborear membrillo o alcayota conecta los paladares con la cultura local y surge la historia de las montañas, maridada con los mejores vinos. Como el tomillo, el orégano y otras hierbas cordilleranas, el aroma de la jarilla mojada viaja de la tierra al plato y el círculo se cierra para dejarnos un recuerdo imborrable.

 

A Mendoza se llega en avión por el aeropuerto internacional El Plumerillo, en ómnibus o en auto, por las Rutas Nacionales 7 y 40.

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