San Fernando del Valle de Catamarca, por los caminos de la cultura y la fe

Gastronomía regional, arte, arqueología y religión se conjugan en la capital de Catamarca, en un paisaje natural e imponente que incluye un enorme espejo de agua en medio de la ciudad.

Enclavada entre medio de dos cordones montañosos -Ancasti y Ambato-, San Fernando del Valle es una ciudad natural, religiosa y tradicional, fundada en torno a las creencias y a la devoción de sus fieles. Su fe impulsó a los primeros gobernantes a construir esta urbe en donde hoy en día se encuentran todas las facilidades de una metrópoli y, a la vez, se camina entre esbeltos paisajes y un gran espejo de agua.

En medio de la ciudad, el dique El Jumeal (cuyo nombre honra al jume, arbusto cuya lejía se utiliza en el cocimiento de la mazamorra) sorprende con sus colores, como un oasis cristalino rodeado de montañas. Allí el sol brilla con el mismo ritmo calmo con el que se hace todo en la provincia de Catamarca: con tranquilidad y de manera eficiente. Caminando sin apuro por sus callecitas, se descubre una ciudad apacible en donde el mix de arquitecturas va de lo colonial a lo moderno.

La gastronomía es otro atractivo clave. Pasear por la ciudad y, a ciertas horas del día, dejarse tentar por los aromas que comienzan a invadir las calles es inevitable. Es entonces cuando con gusto uno se rinde ante el sabor de un tamal, unas empanadas al paso o un buen plato de locro sentados en un restaurante típico.

La Catedral local y el Camarín de la virgen reciben miles de visitas. La Virgen del Valle, como Patrona Nacional del Turismo, atrae a viajeros de todos los rincones del país que, en procesión o de paso, llegan hasta la gruta que lleva su nombre, a 7 kilómetros de la ciudad. Entre los colores de las flores ofrendadas que decoran su altar, la devoción se siente a flor de piel, y siempre es una buena oportunidad para, con respeto y alegría, hacerle pedidos o cumplirle promesas.

Inmersos en el microclima que favorece a la ciudad durante todo el año, el grato calorcito en invierno invita a caminar por todos sus recovecos. La temperatura siempre es agradable, y predispone a continuar el paseo, por ejemplo, por el Museo Arqueológico Quiroga, que reúne unas siete mil piezas de un período que abarca doce mil años; por la Casa de la Cultura de Catamarca; o el flamante Museo de la Ciudad Casa Luis Caravati, un edificio diseñado por el arquitecto homónimo en 1875, que hoy exhibe tanto patrimonio histórico como muestras de arte contemporáneo.

Al momento de elegir artesanías, los colores y las técnicas ancestrales de tejido aplicadas en chales, alfombras y tapices se llevan todas las miradas. A la noche, de nuevo los sabores típicos toman la posta, para cerrar la jornada con alguna comida acompañada de un buen vino catamarqueño con el que brindar por más viajes como este.

 

A la provincia de Catamarca se llega en avión, al aeropuerto Felipe Varela, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 60, la ruta nacional Nº 38 y la nacional Nº 40.

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