Santiago del Estero, noches azules con patios de chacarera

Si hay algo que no falta en Santiago del Estero son fiestas. Música en vivo, mateadas y comidas tradicionales son los ingredientes de las celebraciones clásicas y espontáneas de esta provincia, siempre dispuesta a sacar a bailar a las visitas

Desde varios metros antes de llegar, perfumado por las flores silvestres y el trinar de los pájaros en libertad, hasta el primer contacto con la magia del patio santiagueño, ya se percibe que el corazón va a pedir quedarse hasta el final de la fiesta. Estos increíbles rincones esperan como sorpresas únicas y cotidianas que permiten compartir momentos inolvidables con los hacedores del acervo cultural del país, en un mano a mano honesto y cordial, en un entorno que destila alegría.

La autenticidad  es un distintivo santiagueño. Desde la tonada de la gente hasta la seducción de sus danzas brillan en estos pequeños universos sombreados y techados de estrellas. Es donde el artesano trabaja a diario dándole forma de bombo a su arte, donde tejen las teleras y donde se desnuda la esencia de la provincia para mostrarse con orgullo.

El latir del bombo despierta en el ADN emocional de los argentinos y renace la conexión latina y afroamericana a la que todos inconscientemente respondemos. El sonido remonta a los orígenes más profundos del ser, que se manifiestan en el ritmo de la chacarera y ponen al alma de fiesta de una vez y para siempre.

Apenas pasando el umbral, cada viajero se siente acompañado y contenido por un entorno noble y libre, lleno de paz. Son rincones donde la cultura se renueva y crece y donde los virtuosos se forjan entre mates y horas extraordinarias.

A lo largo y a lo ancho de la provincia hay patios que se abren de manera espontánea. Los visitantes se vuelven testigos de la calidad y variedad de artistas -consagrados y nuevos valores-  que encuentran en estos espacios tan singulares la oportunidad de expresarse culturalmente, desarrollando desde una base ancestral una mirada personal al futuro, con valentía y talento. Y hay otros emblemáticos y referentes como la Feria Productiva y Artesanal de Upianita, con actividad todos los sábados; y en Santiago Capital el Patio del Indio Froilán, reconocido lutier de bombos que redobla su apuesta todos los domingos para que quien lo desee pase a compartir algo, y que protagoniza en julio la Marcha de los Bombos.

La hospitalidad santiagueña brilla, al punto de que en poco tiempo nacen amistades y dan ganas de quedarse allí. En cada esquina, local, casa, o patio los viajeros se sienten estimados y viven una cordialidad cálida.

Los patios santiagueños son una experiencia única que combina lo musical con lo cultural, un viaje de descubrimientos memorables que conectan con un mundo nuevo, al cual se puede aportar algo y del cual se aprende  mucho, entre los sonidos de instrumentos típicos, sachaguitarras, violines y bombos.

Alguien extiende la mano y es inevitable terminar bailando, aunque no se sepa. Hay que sacarse de encima toda inhibición y divertirse en un contexto en donde desaparecen las diferencias. Mientras tanto, los aromas van preparando a los corazones para disfrutar de banquetes que transmiten el amor con que fueron preparados. Las sabrosas empanadas jugosas, los locros, tamales y arropes llenan el estómago y para bajar la comida no queda más que volver a la pista a sentir la tierra en los pies. Animarse; perderse en el giro de cada pollera y cada mudanza santiagueña, ver los pañuelos al viento y entregarse al contacto corporal: en Santiago, como dice la canción, “serán las noches azules con patios de chacarera”.

 

A Santiago del Estero se llega en avión al aeropuerto Vicecomodoro Ángel de la Paz Aragones o al Termas de Río Hondo, en la ciudad homónima. También en ómnibus o en auto, por la Ruta 34, la 64 y la 9.

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