Selva de Montiel, una escapada a pura naturaleza

El único palmar mixto de la provincia convive en Montiel con quebrachos blancos gigantes, árboles chaqueños, ríos y bañados. La combinación salvaje invita a los visitantes a descubrir un universo lleno de biodiversidad.

La formación de Montiel no es técnicamente una selva, pero hizo mérito para ganarse ese apodo. Es que el aspecto enmarañado de este espinoso bosque hizo que se instaurara en el lenguaje popular esa denominación y los viajeros la disfrutan y aceptan el desafío de recorrerla, desde que los lugareños comenzaron a hacerle fama de impenetrable.

Entre cientos de ejemplares de ñandubay y algarrobos negros se recorren el pintoresco paisaje lleno de troncos retorcidos. De ellos penden un sinnúmero de líquenes, enredaderas y claveles de aire y árboles de mediano porte y origen chaqueño completan el panorama. Espinillos, molles, talas, chañares, coronillos y ñapindaes tiñen de belleza el horizonte en donde reina un verdadero gigante: el quebracho blanco, y el aroma de toda esta vegetación se respira en el aire.

Las palmeras yatay con su esbelta figura y las caranday, más pequeñas pero igual de hermosas, se recortan en el cielo dando forma a atardeceres imborrables para los testigos privilegiados de esas postales. La selva de Montiel es la única en toda la provincia que cobija palmares mixtos, y los amantes de la naturaleza lo saben y valoran.

Los ríos y arroyos que surcan la región se complementan con el verde que brilla bajo el sol. Las gramíneas del sotobosque, los pajonales inundables y la gran cantidad de bañados y tajamares dificultan la circulación y el monte se vuelve aún más mítico para los invitados, que intentan reconocer a la fauna y las aves que se pasean por la región y a veces se distinguen sólo mediante huellas o sonidos misteriosos.

Son manchones en el centro-norte y centro-oeste de la provincia, en los departamentos Federal, San José de Feliciano y Villaguay, que invitan a meditar sobre la importancia de preservar los recursos naturales. Frente a tanta inmensidad se siente un peligro lleno de adrenalina y nadie quiere escapar de esta aventura, al alcance todo el año. En apenas una escapada la naturaleza contagia su vitalidad en caminatas, navegaciones, cabalgatas y safaris fotográficos. Sin embargo, muchos ceden a quedarse hasta una semana encantados por la selva entrerriana.

A Entre Ríos se llega en avión al aeropuerto General Urquiza; en ómnibus o en auto, por la Ruta 39, 127, 12 y 14.

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