Senderismo, conversando con la naturaleza en Mendoza

Ríos, montañas, cantos de aves y aromas a hierbas son algunos de los motivadores que invitan a los viajeros a recorrer los senderos de Mendoza. Al andarlos, se descubre la historia de los pueblos con los que conectan.

Como el agua de vertiente de una montaña que se deja llevar, los caminos aparecen para marcar un destino. A medida que se avanza el paisaje cambia, muestra paredes de granito, rocas de colores y al sol que brilla sobre la vegetación o sobre un río. Todo rebosa de vida en Mendoza y, ante tan noble panorama, el desafío de emprender la marcha siempre es emocionante.

La naturaleza oficia de guía: mientras más se sumergen los viajeros en ella, más regalos brinda. Entonces, un zorro colorado se cruza en el camino, el aroma a las hierbas de montaña envuelve el ambiente y las aves musicalizan el recorrido.

En un momento de quietud, un descanso permite sentir cómo la cordillera dialoga como una vieja consejera y el murmullo del río cuenta a quien esté dispuesto a oírla la historia transcurrida en la erosión de las rocas. Cada elemento de la naturaleza tiene algo que decir y entre esa magia transcurre el día, hasta llegar, en la noche, a algún refugio de montaña. Lo mismo sucede en cada departamento de la provincia. La columna vertebral de caminos que los une invita a visitarlos y descubrir en cada pueblo un sitio histórico donde rememorar el pasado y ser feliz testigo de tanta belleza en el presente.

En grupo, en familia o solos, los senderos están marcados y se pueden seguir por cuenta propia en cualquier momento del año. El paisaje único de este rincón de Mendoza ofrece desde la huella sanmartiniana hasta el majestuoso Aconcagua y su vertiente, tierra de volcanes. La contemplación y la acción se funden para que, en una escapada o en una semana, el medio ambiente y nosotros seamos uno.

 

A Mendoza se llega en avión por el aeropuerto internacional El Plumerillo, en ómnibus o en auto, por la RN 7 y la RN 40.

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