Senderismo en la serranía de Villa La Punta

Los coloridos valles de esta región de Santiago invitan a vivirlos en cabalgatas, paseos en sulky, en bicicleta y a pie. Unos mates con pan casero y dulce de leche de cabra esperan a la vuelta en una ciudad llena de historia.

Las sierras santiagueñas se extienden como alfombras verdes salpicadas por techos de tejas rojas y coronadas de un cielo celeste y soleado con pocas nubes. A lo lejos, la localidad de Villa la Punta se deja entrever con sus pintorescas construcciones antiguas de techos altos, algunas capillas y caminos zigzagueantes.

Musicalizada apenas por el canto de las aves y el sonido del viento, la tranquilidad llega rápido y la sensación es la del tiempo que se detiene. Ni frío ni demasiado caluroso, el clima es ideal y acompaña a los visitantes en cualquier paseo que emprendan sea a pie, en sulky, a caballo o en bicicleta.

A la mañana el rocío hace brillar cada detalle, los aromas del chañar y el mistol embriagan dulcemente y el saberse cercanos al antiguo trazado del Camino Real –Maquijata- motiva a los viajeros a encarar una travesía hacia restos de gran valor arqueológico. En un breve trayecto de 54 kilómetros sorprenden tres capillas antiguas y, en la ciudad, caminar por los viejos edificios da la sensación de volver el tiempo atrás. La gente de la comunidad es muy hospitalaria y recibe a todos con alegría; mientras sirven un chivito pasan historias sobre la mesa y, a la tarde, el pan casero con dulce de leche de cabra aparece para conectar a cada uno con su infancia.

En familia o con amigos, los visitantes se embarcan en actividades de diferentes niveles de dificultad e incluso los de la tercera edad encuentran opciones acordes a sus posibilidades. Los distintos tonos de verde del monte santiagueño seducen y todo el año invitan con sus colores, en especial en primavera y verano y cada Viernes Santo, cuando se realiza una peregrinación al cerro La Cruz, lugar que también maravilla en los paseos nocturnos.

La hostería de la ciudad recibe con cómodas camas para el descanso y con rica comida a los viajeros después de sus jornadas de paz y también está la opción de cenar y dormir en Frías, a apenas 51 kilómetros. Tampoco están lejos las ciudades de Santiago y Termas de Río Hondo, a 86 y 105 kilómetros respectivamente, ideales para combinar con este destino natural. Quién sabe, entre tanto senderismo alguno se anime a ir caminando.

 

A Santiago del Estero se llega en avión al aeropuerto Vicecomodoro Ángel de la Paz Aragones o al Termas de Río Hondo, en la ciudad homónima. También en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 34, la ruta nacional Nº 64 y la ruta nacional Nº 9.

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