Sobrevolando la Tierra del Fuego

La experiencia de ver los paisajes más australes del mundo desde el aire es algo único que queda grabado para siempre en la memoria. Sentir la adrenalina de sobrevolar en helicóptero o aeronave ríos, lagunas y el canal Beagle, y hacer un alto para brindar en la cima de los andes fueguinos: vivencias inolvidables.

¿Quién no soñó alguna vez con volar? Elevarse hacia el cielo, sentirse flotar, desplazarse en el aire y observar el mundo a los pies. Sea por primera vez o no, volar siempre es indescriptible, y hacerlo sobre Tierra del Fuego en particular es una experiencia maravillosa y llena de emociones que regala una vista única.

El Fin del Mundo posee lugares mágicos inexplorados debido a la geografía de su territorio. La fuerza del hielo esculpió el paisaje durante los períodos glaciales y dio forma a la magnificencia que luce hoy en día como un tesoro. Desde las nubes, esta belleza impactante se aprecia en su totalidad: hay profundos valles, lagunas majestuosas, extensas llanuras y turbales; las caprichosas formas del hielo, glaciares y cumbres inconquistables. El canal Beagle dibuja colores blancos, verdes, marrones, grises profundos; ríos serpenteantes nacen en la cordillera con destino al Atlántico Sur.

Sujetos a las condiciones climáticas, durante todo el año se experimentan estos sobrevuelos (la única manera de alcanzar la Isla de los Estados y el Faro del Fin del Mundo) en diferentes horarios a lo largo del día. En pocos minutos y partiendo desde Ushuaia, la capital más austral, se alcanzan otras ciudades que integran la provincia de Tierra del Fuego. La amplitud de los lagos Fagnano y Escondido en toda su extensión maravilla a los viajeros, a quienes el piloto va advirtiendo cada paraje para que nadie se pierda los detalles.

El río Grande y la típica estepa patagónica se abren delante de los ojos de los pasajeros y, de repente, una sorpresa impagable: en el Corazón de la Isla unos cóndores aparecen volando cerquita o en la costa atlántica fueguina se logran divisar los restos de algún naufragio.

Fuera de los recorridos tradicionales, este es un punto de vista completamente nuevo. La experiencia siempre es exclusiva porque depende del vehículo (aeronaves o helicópteros) y sólo pueden participar entre uno y seis pasajeros, así que posiblemente será un momento íntimo con amigos o la familia. Existen variables en los tiempos de vuelo desde los siete minutos o hasta todo un día de actividad, lo que hace variar los precios y la vuelve una posibilidad accesible para todos los que quieran darse un gusto.

La excursión se corona cuando el helicóptero desciende sobre una montaña y los viajeros tienen la oportunidad de sacarse fotos y hacer un brindis en la cima, con una vista panorámica de 360º de la cordillera austral. Algo tan único e inolvidable, que aún de nuevo en tierra firme las sonrisas no se disipan.

 

A Tierra del Fuego se llega en avión al aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas, a 3 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, o al de la ciudad de Río Grande, a 5 kilómetros. También en ómnibus o en auto, por la Ruta Nacional Nº 3.

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