Surcando las aguas del canal Beagle

Entre pingüinos, montañas y aguas cristalinas, navegar hasta el emblemático faro Les Eclaireurs es una experiencia inolvidable que regala postales eternas. Historias de antiguos pobladores, la fauna y los colores del cielo acompañan el recorrido austral.

Sobre las cambiantes aguas del canal Beagle, el viento sureño despierta los sentidos en un recorrido por la inmensidad más austral. El cielo en Tierra del Fuego adopta innumerables tonos rosados, naranjas, violáceos y rojizos envolviendo a los viajeros entre la espesa bruma y la espectacularidad de las montañas. La escena es tan idílica que parece un cuadro.

El particular sonido del oleaje, que aumenta a medida que se zarpa, invita a disfrutar de las inquietas aguas del intrépido sur, cuando, de pronto, centenares de cormoranes resaltan sobre las rocas y sobrevuelan alrededor de los viajeros sonrientes. Detrás de las islas se impone el faro Les Eclaireurs, vigía de las aguas australes, y la inmensidad aparece como si posara para las fotos. El lugar es un hito que indica el regreso a la bahía de Ushuaia, bañada por las aguas del mismo canal que une los Océanos Atlántico con el Pacífico; y en su recorrido surge la historia de los navegantes que lo transitaron y fueron pioneros en sus costas.

El viento se hace sentir en la piel y canta compitiendo con las aves, se respira aire fresco y maravilla el contraste del color del agua con los de las montañas. La cercanía con la naturaleza a través de la vida marina emociona y arranca sonrisas, y ante la magnificencia del entorno todos se sacan fotos con ese paisaje inabarcable. Al regreso, la vista de la ciudad desde el agua sorprende con sus múltiples tonos, que se graban en las retinas y memorias.

La magia en las aguas del Fin del Mundo es una aventura que nunca termina. En catamarán, yate o velero, cada uno tiene sus particularidades y encantos. Según la opción elegida y la época del año se llega hasta la Isla de Los Lobos, de los Pájaros, el Faro Les Eclaireurs, las Islas Bridges, la Isla H y la Isla Martillo, en donde se ve una simpática pingüinera y hasta la emblemática Estancia Harberton, que de octubre a marzo tiene abierto su restaurante y museo de mamíferos marinos. Porque, incluso, en algunos puntos se realizan desembarcos y caminatas que permiten reconocer características de algunos de estos espacios. Y entre las huellas milenarias de la etnia yámana, se siente curiosidad por saber cómo sobrevivían en paisajes tan crudos.

De nuevo en el puerto desde donde se partió, en pleno centro, un chocolate caliente o una cena con productos regionales serán un buen cierre a esta jornada antes de ir a dormir, sintiendo aún en el cuerpo el ritmo de la navegación como una canción de cuna.

 

A Tierra del Fuego se llega en avión al aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas, a 3 kilómetros de la ciudad de Ushuaia, o al de la ciudad de Río Grande, a 5 kilómetros. También en ómnibus o en auto, por la Ruta Nacional Nº3.

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