Tucumán por tierra, agua y en el aire

Hay que elegir si una travesía a caballo, en bicicleta, en parapente o en lancha. Las opciones para descubrir los más encantadores paisajes norteños son muchas y están siempre al alcance.

Tucumán es una provincia pequeña en cuanto a superficie y grande en posibilidades. A lo largo y a lo ancho de su dimensión, en apenas dos horas y media en auto, se pasa de los 400 a los 2200 msnm, se vuela en parapente, tomando un vuelo de bautismo, o se entra en contacto con la tierra en un paseo en bicicleta o un picnic en los valles.

Disfrutar del agua transparente tomando mate al lado de un río o refrescarse en verano en un dique o una cascada son posibilidades ideales para vivir en familia, con amigos o en pareja, sólo es cuestión de abrir el mapa y arrancar hacia la adrenalina, la tranquilidad y la diversión. 

A sólo media hora de la ciudad de San Miguel, la aventura se adapta al grado de dificultad que se quiera. Desde el nivel cero que implica comer un asado o una picada en el medio de un cerro rodeado de caballos, hasta sentir el viento en la cara en las pistas de despegue de Loma Bola y Los Pinos, tras atravesar la selva y volar sobre la ciudad. Quienes no se animen, de todas formas apreciarán la increíble vista desde los balcones naturales tanto de día como bajo el cielo estrellado.

Los lugares que se asoman a medida que se avanza tientan para ser descubiertos. Un paseo en lancha en el Dique El Cadillal o una cabalgata en San Pablo o Tafí del Valle son tan enriquecedores como escuchar el canto de los pájaros y el sonido del viento meciendo las copas de los árboles.

En Río Noque, las caídas de las gotas generan una canción eterna que ayuda a olvidar los ruidos urbanos. El contacto con la naturaleza se extiende hasta El Cadillal y el dique, en donde aerosillas, lanchas, palestras, bicicletas y las típicas bananas dan una perspectiva diferente del medio. Y en Aguas Chiquitas, el paraíso se abre paso en medio de la vegetación de esta área protegida para, después de subidas y bajadas, llegar a una caída de agua soñada.

En tierra el contacto es caminando, a caballo o en bicicleta. Los senderos se repiten y reproducen por el verde que envuelve todo y cada tanto permite ver animales, hasta que el cielo celeste se abre de repente, dando forma a un nuevo paisaje.

El final de la jornada siempre está cargado de la satisfacción y la alegría de sentir en el cuerpo el cansancio de un día vivido a pleno. Sólo queda ir a alguno de los centros urbanos siempre cercanos para alojarse y cenar antes del descanso.

 

A Tucumán se llega en avión al aeropuerto Benjamín Matienzo, en ómnibus o en auto, por la Ruta Nacional Nº 38 o la ruta provincial Nº 307.

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