Un Vía Crucis por la historia formoseña

Misioneros, guerras, mujeres en lucha y hombres trabajadores son homenajeados como Jesús en el recorrido más largo del mundo de su tipo. Son 500 kilómetros llenos de naturaleza y fe en contacto con la solidaridad de la provincia.

Miles de personas marchan llenas de fe por los caminos de Formosa. Llevan cantos y rezos, seres queridos y estampitas, flores y ofrendas. Desde diversos puntos del país, cientos de visitantes se suman a la Ruta del Vía Crucis más largo del  mundo, que va por la Ruta Nacional 81 cargada de naturaleza y corazón.

En el camino, que comienza en la ciudad de Formosa, surgen amistades y conversaciones repletas de emoción. Atravesando 500 kilómetros, el Vía Crucis cruza diferentes pueblos y en cada uno, los feligreses aguardan en las postas marcadas para recibir con refrigerios típicos de cada lugar a los viajeros que emprenden la travesía. Son catorce imponentes cruces de quebracho y cada una inmortaliza un momento de la historia de la provincia, rinde homenaje a una profesión o un oficio, a los misioneros, a los inmigrantes y a los pueblos originarios. Así, alguien se emociona ante la parada que recuerda a los fallecidos. Otra repleta de palos santos distingue a los hombres solos que llegaban de distintos puntos del país a trabajar el quebracho, las mujeres –de pueblos originarios, extranjeras y criollas- tienen su homenaje en la octava cruz y en la decimotercera se recuerda con dolor la guerra del Chaco.

La solidaridad está a la orden del día. Cada uno va a su ritmo y, a la vez, todos están atentos por si alguien necesita ayuda. Los paisajes que se cruzan en pleno andar llenan de energía para mantenerse en marcha y alimentan la conexión espiritual, que vibra entre los pasos y los pensamientos.

Los aromas de la vegetación también acompañan y cada tanto se cruzan en la ruta carpinchos, zorros, osos hormigueros, o diferentes aves que recortan el cielo límpido. En una escapada de tres días o una semana, los tramos son recorridos a pie, en bicicleta, en auto y en micro hasta Ingeniero Juárez, en el límite con Salta.

Fue en 1997 cuando el Monseñor Raúl Marcelo Scozzina concretó este proyecto y hoy viajeros de todos lados se suman a visitarlo durante todo el año y en especial en Semana Santa. Seguramente, este hombre religioso no imaginó que tantos peregrinos la mantendrían viva con el correr de los años.

 

A Formosa se llega en avión, al aeropuerto El Pucú, en ómnibus o en auto, por la Ruta 11, 3 y 81.

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