Una vuelta por las yungas tucumanas

Un día en medio del verde tucumano incluye mate, ciclismo, caminatas, vuelos en parapente y la posibilidad de admirar la mejor vista de la ciudad entre la vegetación frondosa y cascadas de ensueño.

A minutos de la ciudad de San Miguel de Tucumán, las yungas se abren paso para crear un paisaje selvático que sorprende con sus verdes. Es un ecosistema propio de la provincia que cobija árboles y flores, aves, cascadas y ríos. Una montaña de vegetación por la que ir subiendo en busca de aire puro y conexión natural.

Apenas al comenzar el ascenso, se entiende la magnitud de este espacio que les encanta a los tucumanos, en especial los sábados cuando tienen tiempo libre. Los senderos con árboles frondosos son ideales para andar en bicicleta (en Yerba Buena se pueden alquilar), salir a correr y, en lo más alto, volar en parapente si el viento acompaña.

La naturaleza acá se vive desde distintas perspectivas. Con paz y tranquilidad, tomando unos mates apreciando la vista de la ciudad desde el cerro San Javier, o con pura adrenalina, embarcándose en las más sorprendentes aventuras. La vegetación perenne hace constantes regalos, desde flores hasta aves; y el camino se va abriendo lugar entre las nubes, que cada vez se sienten más cerca. Hacia la zona llamada Loma Bola, el paisaje se despeja y se vuelve ralo, dando una excelente perspectiva de la ciudad y la yunga desde arriba. También está el antiguo trazado del funicular, que iba desde la ciudad hasta San Javier, cruzado por un puente en altura que conecta el lugar con Puerta del Cielo, punto ideal para respirar bien hondo, recibir el viento en la cara mezclado con el aroma de la vegetación y entender el porqué de su nombre.

Muy cerca de San Javier, bajando por Valle de la Sala, se llega a la cascada del río Noque, en medio de la yunga. El sonido del agua golpeando las piedras seda a cualquier visitante y la humedad tienta con una siesta, una charla amigable y distendida o una meditación.

Desde la ciudad, basta con atravesar Villa Nougués, donde las familias tradicionales de la provincia tienen sus casas de construcciones de piedra con estilo europeo, y disponerse a dedicar el día a una escapada del estrés.

Quienes deseen realizar vuelos biplaza en parapente, deberán hacerlo en Loma bola y Los Pinos, adonde también se puede llegar mediante una cabalgata desde San Pablo.

Es difícil elegir el punto para admirar la panorámica de la ciudad. El mejor mirador dicen que es el del Cristo Bendicente, que con sus 1200 metros de altura marca el final del recorrido. Allí, además, hay un centro de interpretación para descubrir más detalles de San Javier, de las yungas y el ecosistema, siempre con la felicidad de adentrarse en el verde de esta selva norteña.

 

A Tucumán se llega en avión al aeropuerto Benjamín Matienzo, en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 38, por ruta nacional Nº 9 o por la ruta provincial Nº 307. Desde allí, las yungas están a menos de una hora en auto o colectivo.

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