Verano en los ríos de Corrientes

Al ritmo de la corriente del agua y del chamamé, los ríos Uruguay y Paraná tienen mucho para dar en las playas litoraleñas. Asados, mates, deportes náuticos, relax y diversión se combinan para satisfacer todo el verano a grandes y chicos.

Dicen que “Corrientes tiene payé”, y el verano es el momento ideal para comprobarlo. Esa palabra de origen guaraní, que significa realizar un hechizo para conquistar algo, cobra sentido para los viajeros cuando llegan a esta provincia a vivir la playa y el río; y, según dice la leyenda, el payé correntino los hace volver una y otra vez.

Sobre el Paraná y el Uruguay, diferentes destinos engrandecen la propuesta estival con escenarios ideales para el relax y la diversión. La ciudad de Corrientes, Paso de la Patria, Ituzaingó, Empedrado, Bella Vista, Santa Lucía, Goya, Esquina y Monte Caseros son algunas de las localidades que llevan al río en su sangre e invitan a contagiarse de su ritmo tranquilo, su paz y los encantos de la región.

De cara al agua, jornadas enteras se disfrutan mientras alguien convida unos mates y se saborea la cadencia calma de la cultura local. En los quinchos, parrillas, mesas y bancos a la orilla del río, los visitantes van desplegando todo el arsenal para deleitarse con una buena comida correntina al acercarse el mediodía. Después, una siesta reparadora y a seguir: esperan actividades náuticas y largos ratos de pesca.

En la ciudad de Corrientes, a la vera del río Paraná, la urbe de 427 años muestra toda su majestuosidad. Sentarse en algún puestito de la costanera a disfrutar de una bebida helada admirando los paisajes llenos de árboles es tan placentero como una caminata para contemplar los atardeceres, cuando el litoral se manifiesta en su máxima expresión.

Naturaleza y ritmo urbano se fusionan. Los viajeros se dejan llevar y siempre hay un bar o un restaurante en el que detenerse a comer algo, para luego entregarse a la diversión y a la vida cultural y deportiva de la zona.

En cada lugar, el fluir calmo de las aguas es parte de la rutina, desde temprano en familia y más tarde los jóvenes. Las mujeres toman sol y descansan, los niños construyen castillos y amasan con sus fantasías mil formas en la arena y a la tarde llega la juventud, en busca de conocer gente, compartir unos tragos, una acrobacia, un gol o un paseíto… cualquier opción es buen motivo para entablar una nueva amistad.

La música de chamamé se funde con el rumor del agua, las conversaciones y las risas. El sol acompaña y va cambiando con su luz al paisaje y, cuando es necesario, cada uno se da un chapuzón refrescante para renovar la energía. La fragancia de las flores lo envuelve todo, la brisa húmeda acaricia y no es necesario nada más para disfrutar de un atardecer rojizo y anaranjado.

Cuando llega la hora de comer, ensaladas fresquitas, frutas de estación, los populares lomitos y hasta cocina gourmet de nivel internacional abren la paleta de opciones, y el mate de yerba correntina está presente en cualquier momento, acompañado por los chipacitos infaltables.

Todo el verano es un remanso, más si se coincide con la Fiesta Nacional del Chamamé, con nueve noches a pura música y sentimiento, con sapucay y bailanta, o con los carnavales, sinónimo de brillo, ritmo y color. La amabilidad de los correntinos, generosos y alegres, recibe a todos los viajeros con ganas de mostrarles la riqueza de su río y su tierra. 

 

A Corrientes se llega en avión, al aeropuerto Doctor Fernando Piragine, o vía Chaco, al aeropuerto Resistencia (a 17 kilómetros de Corriente por autopistas), por el Puente General Belgrano. También en ómnibus o en auto, por la Ruta 1, 16 y 14.

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