Vida de campo en las sierras de Córdoba

Cabalgatas, siestas a la sombra y comida casera esperan en estancias y antiguas casas rurales donde ordeñar vacas, aprender a hacer conservas o mantener largas conversaciones, que son tan cotidianas aquí como respirar aire puro.

El canto de un gallo despierta a los visitantes, a quienes no les importa madrugar. El aroma a pan recién horneado ya llegó hasta las camas y conduce el camino hasta la gran mesa de desayuno, en la que esperan dulces caseros, café con leche o unos ricos mates. La vida rural está llena de pequeños grandes placeres que aparecen junto con el sol a quedarse todo el día, y en Córdoba se viven en pleno contacto con la naturaleza y la historia, en antiguas casonas y estancias.

La conexión espiritual y el descanso se encuentran rápidamente en las sierras, donde el aire puro es el mejor amigo del hombre. La sensación de bienestar es enorme y energizante, así que participar en las actividades agropecuarias tradicionales de la zona resulta un ejercicio tan motivador como interesante. Se ordeñan vacas, entre sonidos de cencerros se acompaña a pastar a algunos animales y se alimenta a otros mientras transcurre la mañana. Algunos viajeros aprenden y recorren las instalaciones en un tour agrotécnico. Luego, llega el momento de ayudar a cocinar con productos locales, lo que abre el apetito para el almuerzo, que espera en forma de gran banquete. Todo transcurre entre anécdotas y charlas con la gente del lugar, siempre dispuesta a compartir sus conocimientos con los viajeros. Una buena siesta bajo la sombra de un árbol ayuda a bajar la comida y, un rato más tarde, los aromas de las hierbas serranas ayudan a despertarse gratamente.

Mates de por medio y de cara a los colores que regala el paisaje, se preparan conservas con los frutos de las cosechas locales. Se siente que cada alimento viene de la tierra y en cada paso hay contacto con la naturaleza. Hacia el atardecer algunos eligen continuar con las labores y otros se pierden en sus pensamientos o meditan dando una larga caminata por el pasto.

Una cabalgata, la visita a una estancia jesuítica o la coincidencia con alguna fiesta son ideales para complementar esta zambullida en las tradiciones rurales cordobesas.

Apenas una escapada o una semana alcanzan para desconectarse de la rutina y entrar en el ritmo del campo. Con los mugidos de las vacas y el balar de las cabras, estos espacios cálidos viven todo el año.

 

A la Ciudad de Córdoba se llega en avión al aeropuerto Ingeniero Ambrosio Taravella; en ómnibus o en auto, por la ruta nacional Nº 9.

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